¿Sabés cuál es tu peso en megas?

Actualizado: 5 de sep de 2020

Por Andrés Reinoso


"Surface", de Gregoire A. Mayer



En una era signada por la comunicación somos generadores constantes de información, pero ¿cuál es nuestra relación con estos datos? Sabemos que hoy en día la información personal posee un valor de mercado superior al petróleo, pero ¿somos conscientes de la cantidad de información que ofrecemos, de manera voluntaria o no? En tiempos de pandemia estas reflexiones se entrecruzan con el concepto de libertad como uno de los valores más preciados de nuestra sociedad, y con cómo empresas y gobiernos utilizan tecnología que recolecta datos e información sobre los individuos, en algunos casos persiguiendo el bien común y, en otros casos, beneficios personales. Esta nota pretende traer estas reflexiones para cuestionarnos acerca de cuánto sabemos acerca de la protección de nuestros datos personales y cuanto valoramos la libertad.



A principios de abril el neurocientista Mariano Sigman brindó una charla Ted vía streaming, porque ya iniciábamos nuestro camino de confinamiento junto con una lenta despedida a la presencialidad. Las repercusiones a esta charla trajeron cierta polémica porque en ella se exponía como eje la comparación entre los distintos modelos de manejos de pandemia en Oriente y Occidente, destacando cómo en ciertos países asiáticos la utilización de tecnología y sobre todo herramientas de control del estado sobre la información personal de los ciudadanos había contribuido para contener la expansión del virus.


Sigman planteaba la problemática como un dilema, una "Tensión entre la privacidad y la libertad individual que son valores fundamentales y pilares de nuestra cultura y, por el otro, lado las soluciones colectivas que son necesarias para resolver y las más eficientes para resolver la pandemia". La pregunta que generó más polémica entre la audiencia estuvo relacionada con plantear si acaso no sería deseable ceder algunas libertades individuales (como ser el acceso a datos personales) como parte de un “pacto social” para obtener mejores resultados colectivos a nivel sanitario, como hicieron exitosamente algunos países asiáticos tal cual lo demuestran las curvas de contagios de acuerdo a estadísticas de la OMS.

¿Sería deseable ceder algunas libertades individuales (como ser el acceso a datos personales) como parte de un “pacto social” para obtener mejores resultados colectivos a nivel sanitario?

De manera esperable varios de los comentarios fueron reacios a esta postura. Algunos se indignaban acusando al orador de propiciar una "manipulación dialéctica para que la gente ceda sus derechos de privacidad y autonomía" y otros aceptaron el desafío del dilema planteado para cuestionarse sobre la libertad y la salud desde la mirada de nuestra cultura.

¿Qué tan distinta es la política sanitaria que adoptaron algunos países asiáticos en este contexto de pandemia? Veamos algunos casos. En China el gobierno implementó un sistema de entrecruzamiento de datos entre ministerios, organismos de transporte, empresas empleadoras y hasta comités vecinales para regular la movilidad de cada individuo. Esto se observa en la implementación de un sistema “semáforo” para regular el uso del transporte público generado por el entrecruzamiento de información personal anteriormente mencionado. El verde habilita el viaje, el amarillo lo restringe y el rojo lo prohíbe. En otros países, como Corea del Sur, el gobierno resolvió intervenir de manera directa en la información acerca de los ciudadanos que han contraído el virus, tales como datos de geolocalización, tarjetas de crédito y otra información personal, a fin de determinar el rastro de contagio en los últimos días y proceder al respecto. En Singapur es totalmente normal para la población el envío sus datos de geolocalización varias veces por día si el Estado así lo requiere.


Todos estos sistemas de control nos parecen naturalmente invasivos y antidemocráticos, y en el diálogo cotidiano se suele atribuir a gobiernos autoritarios y a pueblos sumisos. Pero, ¿estamos siempre atentos a la defensa de nuestras libertades vinculadas a la protección de datos personales?


Gráfica del album "Synthetic", de Duke & Jones


Hagamos memoria. Hace solo dos años, y luego de un largo juicio, la empresa Cambridge Analytica cerró sus puertas tras el escándalo de filtración, venta y manejo espurio de datos personales que involucró al gigante de las redes sociales Facebook. Durante el juicio a las partes se sugirió el concepto de "cleptocracia digital". Y se comprobó la utilización de estrategias de minería de datos para bombardear a un público influenciable con fake news en varias campañas electorales, favoreciendo la salida del Reino Unido de la Unión Europea y la elección de Macri en 2015 y Trump en 2016, entre otros hechos. ¿Qué hemos aprendido en este tiempo acerca de la fortaleza de los sistemas democráticos? En principio que es muy fácil manipularnos, y que la causa principal es nuestra apatía.


Aceptamos términos y condiciones por cualquier aplicación que descargamos a nuestro teléfono celular, actuando de manera irresponsable, sin evaluar qué información estamos cediendo. No ejercemos autoridad con respecto a la privacidad de nuestros datos ni estamos interiorizados con las leyes que la regulan en nuestro país.


¿Qué hemos aprendido en este tiempo acerca de la fortaleza de los sistemas democráticos? En principio que es muy fácil manipularnos, y que la causa principal es nuestra apatía.

Preferimos no saber quién está haciendo uso de nuestros datos, por cuánto tiempo, ni qué réditos saca de ellos. Pecamos de ingenuos porque es más fácil ver a un enemigo cuando es autoritario y violento, y no cuando nos ofrece aplicaciones gratuitas en las que ocupamos una inmensa parte de nuestro tiempo, o cuando es el que nos permite publicar nuestros logros, compartir nuestras alegrías o acordarnos de un ser querido. Y por supuesto no nos consideramos manejados o influidos por los resultados que arrojan nuestros parámetros de búsqueda. Aceptamos que Internet es todo lo que se nos muestra, mientras nos creemos expertos buscadores de información. Apatía e ingenuidad, ciertamente una buena combinación para quien quiera sacar provecho.


¿Por dónde empezar? El primer paso es informarse y tomar conciencia. La utilización de herramientas, tales como la página web Terms of Service; Didn’t Read, nos ayuda a evaluar qué estamos cediendo cuando damos “Ok” a los “términos y condiciones” de los servicios más usados en Internet, otorgándoles una calificación y permitiendo tener una visión más amplia de nuestros derechos.



Estamos viviendo una era de parametrización. Hoy somos el “Homo-data”, desprendemos datos por donde quiera que vayamos, y posiblemente Google pueda definir nuestro perfil psicológico mucho mejor que nuestros padres o que nosotros mismos, a través de 7.000 datos extractados del rastro que dejamos en Internet. Tal vez una reconstrucción bastante confiable de nuestra identidad no pese más que algunos megas.


Una vez finalizada esta pandemia, si es que alguna vez podremos considerarla finalizada, luego de contar las víctimas y las pérdidas económicas analizaremos el impacto de lo ocurrido a través de datos. Tal vez se determine que un país o un gobierno supo dirigir mejor que otros esta emergencia sanitaria. Seguramente los datos serán moldeados en cada caso a forma y conveniencia de los gobiernos de turno. Pero eso no será novedad: la realidad suele hacerse coincidir con la percepción de los que poseen el control.


El primer desafío será salir de la inocencia, que empecemos a darnos cuenta de que lo que muchas veces lo que se nos ofrece de manera gratuita suele tener un costo en información. El segundo paso será salir de la apatía y encontrar una salida unidos, darnos cuenta de nuestro real peso en megas, para que seamos capaces de generar una conciencia colectiva que se mida en teras.


23/07/20

Andrés Reinoso// andr.reinoso@gmail.com //Twitter: @Bernedox


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