Revisitando Quebracho (1974) de Ricardo Wullicher

Actualizado: 7 de sep de 2020

Por Lucas Pablo Beriain

Ig @verpeliculashastamorir2


Cuando se tiene la suerte de unas horas libres hay un sinfín de consumos culturales a los que podemos acceder si tenemos una buena conexión de internet. Y las novedades cinematográficas (en menor medida) y de series en las diversas plataformas nos llegan sin parar. Si bien pueden ser interesantes y muchas veces llegar a ser un producto artístico de gran nivel, las series, sobre todo, tienden a diluirse en el tiempo y no ser revisitadas, salvo contados casos. Pero de vez en cuando no está mal volver a visitar alguna obra, Borges decía que mejor que leer es releer y creo en parte es cierto, la obra es siempre la misma pero cada vez que volvemos a ella lo hacemos con otros ojos, nosotros cambiamos, y lo que obtenemos de ella puede darnos algo nuevo. Dependiendo siempre de qué obra estemos hablando. Es por eso que volví a ver Quebracho después de mucho tiempo.


La película puede entrar en la categoría de cine político, más allá de que por su estética y ambientación podría asemejarse con un western. En la primera mitad de la década de 1970 este tipo de cine tuvo una trascendencia particular, hacia 1973 el gobierno de Héctor Cámpora permitió que muchas de las películas que se encontraban en la clandestinidad salieran a la luz. La principal característica del cine político es cuestionar, dar lugar a la reflexión acerca de diversos acontecimientos en la historia y/o el rol que la sociedad tiene en ellos, cómo se posiciona el sujeto frente a estos, qué lugar tiene. En el caso de Quebracho podemos decir que está perfecta consonancia con La Patagonia Rebelde, estrenada ese mismo año, ya que toca el tema del surgimiento del movimiento gremial y la lucha política.


Pero al mismo tiempo también podemos mencionar otras producciones del periodo cuyas características son similares pero relacionadas al cine militante en Argentina como Operación Masacre de Jorge Cedrón y La Hora de los Hornos de Fernando Solanas y Octavio Getino (ambos integrantes de lo que se denominó Grupo de Cine Liberación). A nivel nacional podemos agregar también el documental de Raymundo Gleyzer Me matan si no trabajo y si trabajo me matan “sobre la lucha de un grupo de obreros afectados por el saturnismo, la enfermedad del plomo”[1] y en otro extremo, si bien aún político, podríamos situar films de Emilio Veyra cuya corriente está en las antípodas de las voces de los sesenta y setenta en lo que respecta al cine militante y político cuya opera prima, Detrás de la mentira (1962), fue una película anticomunista. Cabe mencionar el papel que tuvo Jean-Luc Godard hacia fines de los sesenta y principios de los setenta cuyas películas se volcaron no sólo a una búsqueda estética distinta sino también, debido a la efervescencia y el impulso del Mayo Francés, a una temática política que no se veía en los primeros films; así también, por otro lado, entiendo que fue importante la película Z (1969) de Costa-Gavras, la cual retrata el asesinato de un griego liberal.


Entiendo que la película transmite un mensaje revolucionario, podemos tener una lectura política evidente donde se intenta informar a través de las representaciones de los dos hechos que se ven a lo largo del periodo entre 1918 y 1940 (la huelga trágica de enero 1920 y el enfrentamiento del sindicalista, interpretado por Lautaro Murua, y su séquito de obreros con las autoridades en época de elecciones cuyo desenlace también es mortal) ya que a través de ellas se puede crear una concientización acerca de la desigualdad reinante que provee el sistema de explotación de las tierras argentinas en manos de capitales extranjeros en el país. Sin duda tiene ese componente revolucionario que en años previos a su estreno era imposible de que salga a luz. Sin embargo, al poco tiempo su exhibición habría sido imposible.


Por otro lado, no promueve la conservación del status quo, al contrario, la ficción está destinada a incentivar el cambio. Esto lo demuestra exacerbando y poniendo en evidencia la mirada negativa que se tiene de él. Vemos la demostración de desafecto por parte del empresariado desde el comienzo, ya sea desde el exterior tomando medidas que pueden afectar fuertemente a una gran cantidad de habitantes sin remordimientos y en el mismo territorio. El representante traicionando al sindicalista después de darle la mano en señal tregua es acribillado generando así el enfrentamiento entre el gremio y las autoridades, es un ejemplo claro del lugar que ocupa este poder para la mirada del director.

[1] Peña, Fernando M. Cien años de cine argentino, Editorial Biblios, Buenos Aires, 2012.


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