Editorial LaPan

Actualizado: 27 de ago de 2020

'Era el mejor de los tiempos, era el peor de los tiempos. La edad de la sabiduría, y también de la locura; la época de las creencias y de la incredulidad; la era de la luz y de las tinieblas; la primavera de la esperanza y el invierno de la desesperación. Todo lo poseíamos, pero nada teníamos, íbamos directamente al cielo y nos perdíamos en sentido opuesto. En una palabra, aquella época era tan parecida a la actual, que nuestras más notables autoridades insisten en que, tanto en lo que se refiere tanto al bien como al mal, solo es aceptable la comparación en grado superlativo'.

Charles Dickens, Historia de dos Ciudades.


En el pensamiento clásico, pequeños cambios sociales producen pequeños cambios en las necesidades y, por lo tanto, pequeñas oportunidades. El tren en el que hemos subido, nos lleva al escenario opuesto: Grandes cambios, grandes necesidades y grandes oportunidades.

Hay 1600 millones de nuevos desempleados en el mundo producto de la pandemia; los nuevos trabajos todavía no se inventaron. Y hay un clima multicausal que es propicio para la generación de cambios disruptivos.

Imaginemos por un momento que es como reiniciar. Nuestras desventajas antiguas quizás ya no molesten, y nuestras ventajas de siempre, sean cada vez más valoradas.

Algo de lo viejo se rompió y no va a volver. Lo disruptivo es la nueva normalidad. Por eso creo que la reconstrucción ya no es posible.

Los tecnicismos que se escribieron para modelar tiempos muy diferentes, ya no son tan útiles. La creatividad en cambio, puede ser nuestra mejor bola de cristal. ¿Vieron cuando buscamos recomendaciones para un emprendimiento y todos nos dicen lo mismo? En esta etapa necesitamos emprendedores y visionarios. La ocasión requiere que aprendamos a ver en esta nueva neblina y consensuar nuevas reglas de juego. Necesitamos concebirnos con nuevos habilidades.

Podemos imaginarnos, tal vez, incorporar 7 millones de nuevos puestos de trabajo en Argentina en la industria del conocimiento, a una multitud de emprendedores que aprovechando nuestra creatividad, logramos dar ese gran paso.

Esto no quiere decir que tengamos una opinión excesivamente optimista o ingenua sobre el futuro. El pensamiento crítico, la problematización de los cambios y el animarnos al pensamiento incómodo es una de nuestras metas. Pero nuestro objetivo principal es animarnos a desacelerar la inercia mental para poder visualizar claramente, en caso de que aparezcan, aquellos senderos virtuosos.

Algo de lo viejo se rompió y no va a volver. Lo disruptivo es la nueva normalidad. Por eso creo que la reconstrucción ya no es posible.

Por eso creo que es momento de pensar en grande, muy grande, en un contexto tecnológico que nos lleve a otro estadio de evolución. No como posición ideológica o política, sino con un sentido de realidad de quien quiere prepararse para lo que viene. Y como arquitectos de este nuevo paradigma, queremos planificar entre todos.

Nuestro objetivo es aportar contenido que ayude a construir una Argentina que genere valor agregado a partir del conocimiento, generado por muchas personas. Porque primero viene pensar, después debatir, y cuando todos entendemos, no es tan difícil que lleguemos a ponernos de acuerdo.


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