¿Cómo cuidar nuestra salud mental en la "nueva normalidad"?

Actualizado: 12 de ago de 2020

Desde que se decretaron las medidas de aislamiento allá por el mes de marzo, hemos recorrido un largo camino que supuso (y supone aún hoy) un gran desafío para nuestro bienestar físico, mental y social.

Frente a la aparición súbita e inesperada de la pandemia nos vimos obligados a decirle adiós, al menos momentáneamente, a eso que llamábamos “normalidad” y a adaptarnos, nos gustara o no, y de un día para el otro a una nueva manera de vivir sin saber con exactitud cuánto tiempo durarían todos estos cambios.

Tanto lo sorpresivo de la pandemia, y la incertidumbre de no saber cuándo se va a terminar o de qué manera va a afectarnos, como el miedo a contagiarnos o a que se contagien nuestros seres queridos junto con la consecuente medida de aislamiento social, formaron un gran combo generador de estrés.

Este estrés es en algún punto necesario, ya que prepara a nuestro cuerpo para reaccionar frente al peligro. El problema se presenta cuando la situación que nos genera estrés se prolonga en el tiempo y nos impide entonces volver al estado de calma necesario para poder sentirnos en equilibrio con nosotros mismos.

Hace poco me llegó un corto animado educativo para niños en edad escolar, producido por el Departamento Universitario de Informática de la Universidad Nacional de Córdoba y SIMON SARA Visión, donde un niño llamado Valentín se preguntaba si la cuarentena ibaa a durar para siempre.

Hoy a más de 4 meses de esta nueva vida con barbijos, alcohol en gel y demás, muchos nos hemos hecho y nos hacemos la misma pregunta… ¿hasta cuándo vamos a convivir con esta nueva normalidad?


¿Cómo nos encuentra hoy el estrés?




No a todos nos ha afectado de la misma manera. Y esto depende en gran medida de la perspectiva que cada uno haya adoptado frente a la situación. Algunas personas sintieron que estaban siendo obligadas a cambiar su forma de vida de manera arbitraria y experimentaron la cuarentena como si alguien les estuviera arrebatando su libertad. Debido a esto resistieron más el cambio, lo cual les causó mucha frustración, enojo y ansiedad. Por el contrario, otras personas se dijeron a sí mismas que preferían aislarse para no contagiarse y no contagiar a otros, sintiendo que eran ellas las que estaban eligiendo cómo actuar más allá de la medida. Esto las ayudó a ser más tolerantes y pacientes con la situación.

Ahora bien, el haber adoptado y adoptar hoy una perspectiva u otra depende de muchos factores tales como la edad, si nos encontramos o no dentro de algún grupo de riesgo, nuestras posibilidades económicas de hacerle frente al aislamiento, nuestra situación laboral, familiar y sentimental, si estamos solos o si estamos pasando este periodo con personas con las que no tenemos una buena relación. También depende de cuál era nuestra manera predominante de relacionarnos con nuestro entorno antes de la pandemia. Las personas más activas y sociables acostumbradas a desarrollar su vida fuera de casa, pueden encontrarse de repente con una gran limitación, en este caso pueden experimentar tanto un aumento de ansiedad por la sensación de ver amenazada su forma de vida habitual, como la sensación de depresión por un corte tan abrupto en el ritmo de vida habitualmente acelerado que llevaban. En cambio, las personas más introvertidas o con fobia social, pueden encontrar en esta situación de aislamiento un alivio momentáneo a su padecimiento. Al no verse expuestas a situaciones sociales donde sienten que pueden ser juzgadas por los demás, la ansiedad baja y se encuentran más relajadas. Por otra parte, las personas que suelen obsesionarse con su salud y los cuidados de su cuerpo para evitar contraer enfermedades, pueden encontrarse en este periodo en un estado de hiperalerta constante con un agravamiento de los síntomas previos a la pandemia. Las personas con depresión también pueden ver agravados sus síntomas, especialmente la pérdida de interés o placer en las actividades, el sentirse con mucho cansancio o desgano y la sensación de inutilidad. Y en términos generales, todos podemos estar experimentando en mayor o menor medida, alteraciones del sueño, del apetito, de la atención y de la memoria.


¿Cómo podemos entonces lidiar con el estrés en esta nueva etapa?


Cualquiera sea nuestro estado emocional actual, si hablamos de cuidar nuestra salud mental, como primer paso en una situación de crisis, es importante la ACEPTACIÓN: aceptar que esto está pasando y que se está prolongando más de lo que habíamos pensado. Si negamos la situación o nos “peleamos” con ella, difícilmente podamos llevar adelante las acciones necesarias para afrontar el problema de la mejor manera posible. Expresar el enojo por momentos puede ser saludable, pero si esa termina siendo nuestra única emoción posible a la hora de enfrentar las situaciones podemos terminar agotados y anclados en la queja, que, si bien nos permite desahogarnos momentáneamente, no hace que el agua deje de correr.

Cuando acepto la situación con todas sus aristas, es cuando puedo pensar estrategias acordes a lo que necesito para afrontar la crisis. Mudo mi energía de la queja a la búsqueda de soluciones.

Y ¿soluciones a qué? ¿a la pandemia? No, porque no depende de mí, está más allá de mi control. Se trata de empezar por diferenciar lo que está a nuestro alcance y lo que no depende de nosotros, y focalizar entonces nuestras energías en las situaciones sobre las que sí podemos incidir.

Es por eso que el miedo tampoco puede ser mi única respuesta a la pandemia porque me hace sentir impotente ante la situación y termina siendo paralizante. Temer al contagio y pre-ocuparme por los riesgos, solo me sirve si luego me lleva a ocuparme de tomar las medidas necesarias para mi cuidado.

Por lo tanto hablamos de aceptación, de dimensionar el peligro en su justa medida de acuerdo a mi situación actual, y de reconocer con qué recursos cuento para hacer frente a la situación de la mejor manera posible para mí y mis necesidades. No podemos cambiar la situación de la pandemia y del aislamiento pero si podemos decidir cómo pasar nuestro tiempo mientras dure esta situación.

¿Y de cuánto tiempo hablamos? Nadie lo sabe con exactitud, muchas veces se escucha “hasta que haya una vacuna”, pero tampoco podemos precisar una fecha exacta de cuándo sería eso y cuándo estaría disponible para ser aplicada. Y entonces ¿qué podemos hacer?

Frente a la incertidumbre, te propongo que te des vos mismo una certidumbre. ARMATE UN PLAN DE ACCIÓN: planificá cómo querés y necesitás pasar los próximos (al menos) 3 meses, partiendo del supuesto de que sigamos con esta nueva normalidad. ¿Y por qué tres meses? Para darte una cierta tranquilidad. Si lográs planificar y organizar un abanico de acciones posibles, vas a ganar seguridad sobre la situación, lo que te va a ayudar a su vez a bajar la ansiedad y el malestar emocional.

Si la situación llega a cambiar y se flexibiliza, en ese caso vos también vas a poder flexibilizar tu plan. Lo importante es que vas a tener una base, un diagrama sobre el cual moverte.

Preguntate: ¿qué me ayudaría a pasar mejor esta situación? ¿Qué cosas y actividades me hacen sentir bien? ¿Cómo puedo organizarme para hacer al menos una de esas actividades por día? ¿Qué quiero y qué necesito? ¿Qué tengo que resolver sí o sí en los próximos meses? ¿Puedo solucionarlo solo/a? Si tu respuesta es no, preguntate: ¿qué necesito para poder? ¿Puedo pedirle ayuda a alguien? ¿Quién podría ayudarme? No te (sobre) exijas poder con todo ni hacer todo perfecto, no es un momento para presionarte más de lo que ya lo ha hecho la pandemia. Permitite pedir ayuda, aunque sea virtual. Compartí lo que te pasa con otros, hablalo. Al compartirlo, la carga se reparte y te ayuda a sentirte más liviano. El aislamiento físico no tiene por qué ser también virtual.

Y prestá atención a tus necesidades físicas, escucha a tu cuerpo, las horas de sueño que necesita, la alimentación e higiene. Un cuerpo satisfecho responde mejor al estrés. Por eso la importancia de mantener una rutina saludable, especialmente de descanso que te ayude a mantener un estado de ánimo más estable. En este sentido, podés probar organizarte para hacer las tareas que más te cuesten en el momento del día en que tengas más energía. En general, es recomendable hacer lo que nos resulta más difícil por la mañana.

Finalmente es importante decirnos que esta situación tal cual la experimentamos en el aquí y el ahora no va a durar para siempre porque nada dura para siempre. Todos los seres humanos tenemos la posibilidad de trabajar nuestra resiliencia, en tanto el proceso por el cual nos adaptamos frente a situaciones adversas. Nuestra vida NO SÓLO es la pandemia, no lo fue antes ni lo va a ser mañana. Focalizate en tu plan, en tu proyecto, abrazalo y felicitate por cada día superado…¡cada día que pasa es un día más que estás logrando seguir adelante!


Lic. María Mercedes Dueñas

Psicóloga

@licmercedesduenas


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